¿Encontraron la cura para el cáncer de páncreas? Spoiler: No, pero estamos un pasito más cerca

Hace unos días que circula la noticia de que un equipo de investigación del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de España descubrió la cura contra el cáncer de páncreas. Aunque su descubrimiento es súmamente relevante para la ciencia y abre el camino para encontrar tratamientos contra este cáncer, todavía está lejos de poder considerarse una cura. Aquí te contamos qué hace falta para que se materialice como un tratamiento contra el cáncer de páncreas y no solo eso, también en qué consistió su investigación.

La investigación del Dr. Barbacid fue realizada en un modelo animal, específicamente en ratones. Estos animales se usan para probar nuevos tratamientos debido a que son muy parecidos a nosotros, son fáciles de manejar, y fáciles de reproducir; sin embargo, el hecho de que una molécula tenga cierto efecto en los ratones no significa automáticamente que tendrá el mismo efecto en los humanos; para ello se necesitan más pruebas: los ensayos clínicos. Un ensayo clínico tiene varias fases y cada una de éstas puede durar varios años, sobre todo cuando se trata de nuevos fármacos para tratamientos oncológicos.

A pesar de lo anterior, su investigación es un paso más para encontrar un tratamiento contra el cáncer de páncreas porque diseñaron una estrategia para atacar este tipo de cáncer que no se había probado antes, que tuvo una respuesta duradera, y que no presentó efectos secundarios importantes, al menos en los ratones.

¿En qué consistió la estrategia que diseñó este equipo de investigación? El tratamiento que aplicaron a los ratones consistió en la administración de tres fármacos diferentes diseñados para interrumpir mecanismos celulares en las células tumorales: Afatinib, Daraxonrasib y SD-36. El primero ya se utiliza en el tratamiento de algunos tipos de cáncer, como el de pulmón. Daraxonrasib es un fármaco experimental que se encuentra en ensayos clínicos para usarse como tratamiento para el cáncer de páncras. Finalmente SD-36 es una molécula que se ha estudiado para interrumpir procesos celulares y que, al menos al día de hoy, aún no se encuentra ni siquiera en la fase de ensayos clínicos para probar su seguridad o eficacia para tratar algún padecimiento.

El trabajo realizado por estos científicos nos dibuja una posible ruta para diseñar los ensayos clínicos que se requieren para evaluar la toxicidad y eficacia de esta estrategia en humanos; quizás no necesariamente con los mismos medicamentos o moléculas que se evaluaron en los ratones, pero sí con derivados de ellos que sean más efectivos o menos tóxicos para nosotros.

Este es un ejemplo de por qué se deben de invertir recursos en la ciencia básica, porque aunque no nos está dando directamente un tratamieto contra el cáncer, sí está sentando las bases para desarrollar uno. Además, también nos muestra que una inversión en ciencia no va a dar resultados concretos en el corto plazo; seguramente esta investigación empezó hace varios años y todavía va a tardar muchos más en dar frutos. Lamentablemente, quienes asignan presupuestos no ven la utilidad de destinar más recursos a la ciencia si no pueden entregar algo a sus votantes antes de las siguientes elecciones.